Se trata de un virus que fue detectado en las zonas que están al Sur de la isla. La encefalitis japonesa es un virus prexistente, pero hasta el momento no había habido presencia de este virus en las granjas australianas, por lo cual fue una noticia alarmante en un principio. La particularidad de este virus es que es zoonótico, es decir que puede presentar un contagio intraespecies, de allí el temor por su peligrosidad.

Los efectos que provoca el virus están muchas veces emparentados con la sintomatología de enfermedades que para nosotros son más conocidas en la región como el dengue o el virus del Zika, que proliferó sobre todo en algunas regiones de Brasil desde hace ya algunos años y sus consecuencias, entre otras, es la causante de encefalitis. Hay que tener particular cuidado en este sentido en personas embarazadas.

El virus de la encefalitis japonesa fue hallado en varias regiones como Victoria, Queensland, Nueva Gales y la trasmisión, al igual que el Zika o el dengue es a través de mosquitos. En este caso la encefalitis japonesa probablemente haya sido producto de inundaciones que se producen con constancia en las zonas que están anegadas y conforman espacios ideales para que se reproduzcan las larvas de los tipos de mosquitos que trasmiten la encefalitis japonesa.

En general, el contagio se termina en el otoño que es cuando los mosquitos comienzan una etapa de hibernación. En ese período de tiempo, sus metabolismos se alentizan y no necesitan del consumo de sangre, por lo que la trasmisibilidad es baja cuando hace frío.

El Culex annulirostris es el mosquito que suele vincularse con la trasmisión de la fiebre japonesa. No se conoce todavía cómo llegó hacia Australia, ya que proviene del sudeste de Asia, sin embargo, ya está presente. La suerte en este aspecto, es que existen vacunas y de proliferar los contagios probablemente se proceda a la inoculación. En seres humanos, los síntomas pueden ser como los del dengue, dolor de cabeza, en articulaciones, fiebre, sarpullido, entre otras.