Desde hace algún tiempo que se viene hablando de ecologizar las prácticas de producción y hacerlas más amigables con el entorno y con el medioambiente. Pero esto no es a costo de la producción, sino que por el contrario, se ha descubierto que si se implementa de la manera adecuada puede traer grandes beneficios para los agricultores y sobre todo para los productores más pequeños.

La incorporación de cultivos de cobertura permite a los productores darle descanso al suelo a la vez que también dejar de utilizar plaguicidas o en todo caso, reducir su utilización. Hay distintas formas de detectar el estado de los suelos y pensar en una proyección a futuro en función de cómo estén o a partir de un histórico de imágenes satelitales.

Por ejemplo OneSoil es una compañía que brinda este tipo de servicio en Argentina y que crea a partir de un algoritmo y el uso de tecnologías satelitales una proyección sobre los suelos de los campos. Esto permite también hacer una planificación sobre cómo distribuir la rotación de cultivos a partir de estas funciones.

Así, por ejemplo, se puede determinar si en algunas zonas conviene comenzar a gestionar una recuperación de los suelos o incluir allí un plan pensado a partir de la incorporación de cultivos de cobertura.

Para eso se utiliza el NDVI que es el índice dimensional. Se conoce normalmente de este modo por sus siglas en inglés: Normalized Difference Vegetation Index. El concepto parece complejo, pero no es tan complicado. Uno de los elementos claves que componen esta ecuación es la luz infrarroja.

Existen otros sistemas que también sirven para complementar este tipo de operaciones y pueden realizarse a través de drones que también toman imágenes del terreno para su posterior análisis y que brindan una alternativa o más bien un complemento al estudio químico de la composición de los suelos, ya que permite tener una evaluación más abarcativa, sobre todo en terrenos grandes.