La caída no se debe a que la producción de carne en China se ha acrecentado, sino a las políticas que mantienen ese país respecto del COVID. Es que en China las políticas de prevención de COVID son cosa seria y el país asiático tiene una política de COVID cero.

Esto implica que ante cualquier brote que en nuestras tierras podríamos considerar como normal, en China se vuelven  a aplicar las medidas de cuarentena estricta. De allí que muchas de las actividades productivas se hayan reducido.

Entre ellos podemos encontrar las reducciones que ocurren con el mercado cárnico. Ya en abril se redujeron las exportaciones en 14 por ciento menos que en marzo. En gran medida está relacionado a que el puerto principal de China vio reducida su actividad debido a la falta de operarios por las medidas de la pandemia.

El precio mantuvo su estabilidad con U$S 5000 la tonelada, subiendo incluso los valores por sobre los de marzo.

Estas caídas generan una reacción en cadena que impacta en la logística y en los pagos de todos los operadores que están involucrados en el proceso. Esto se suma al impacto que tuvo el año pasado la suspensión de la exportación de carne vacuna, para asegurar el abastecimiento del mercado local.

De todos modos, las noticias no son del todo desalentadoras. El consumo de la carne en China está aumentando a un ritmo de aproximadamente el 10% anual. Para 2025, se espera que el consumo de carne por persona alcance los 65 kg al año. Sin embargo, por la pandemia de COVID-19, en 2020 el consumo de carne en China se redujo a 40 kg per cápita.

El incremento del consumo de carne en China se debe principalmente a un aumento del ingreso y el nivel de vida de la población, así como a un cambio en el estilo de vida. Según un estudio de 2019, el 70% de los chinos consideran que la carne es una parte importante de su dieta. Otras razones para el aumento del consumo de carne en China incluyen el aumento de la población urbana y el cambio en los hábitos alimentarios de la población.